Que la belleza nos acompañe.
Oír música es entrever el infinito. Emociona imaginar lo que sienten quienes tienen el privilegio de hacerla. Los músicos son tesoros. En México, tesoros no siempre apreciados como tales. Es difícil vivir de hacer música en nuestro país. Por eso hay que celebrar la voluntad de quienes con audacia y tenacidad se han reunido para compartir la emoción de un arte apasionado y sereno con el que deberían tramarse todos los días de nuestra vida.
Los artistas que integran la Milenium Sinfonietta son excepcionales no sólo por el fervor y la disciplina con que hacen la música, sino por el valor con que han emprendido una alianza que hace realidad el sueño de contar con una agrupación de músicos independientes, dueños de un sofisticado nivel profesional y artístico.
Creo que la música, más que ningún otro arte, nos muestra mucho de lo mejor de nosotros mismos. Se abraza la música para responder la incandescente línea de nuestras dudas, para sentirnos vivos, eternos. De ahí que acercarse a ella sea dar con la fina trama de pasiones y delirios que tantas veces nos urgen para no desertar. Oyendo música asistimos con gozo al sentimiento de que hay una respuesta de luz para muchas de nuestras preguntas.
La reverencia que sentimos frente a la música sólo es comparable a la que puede sentirse por la naturaleza cuando más desafiante y más bella se nos muestra. Oír música es convocar un hechizo y perderse en él. La vida generosa y lenta, sin destino preciso, sin ansia de predominio, sin litigio, bella y drástica como es, se recuenta y se redime con música.
Quienes nos regalan su talento y ponen sus fuerzas y su esfuerzo más intenso en crear y recrear música, para luego regalárnosla, resultan imprescindibles. Con su existencia la Milenium Sinfonietta consigue recordarnos esta verdad.
Vivimos, a pesar de nuestros desvelos, en un mundo de luz. Y no hay catástrofe, ni pérdida, ni augurio que pueda librarnos de semejante bendición. Esto nos dice la música, a revivir esta certeza nos invita la Milenium Sinfonietta cada vez que nos ofrece un concierto. Acudir a su música nos ayuda a exorcizar las demandas de lo trivial para hacerle una reverencia a lo inaudito. La música, el más prodigioso de todos los sueños humanos, es un milagro. Dejémos que su belleza nos acompañe.
Ángeles Mastretta.

